En los comienzos de la Orden de Predicadores los conventos fueron concebidos como casas de predicación, lugares de estudio y enseñanza. Esta fue la intención del envío de Santo Domingo al dispersar a sus primeros frailes.
La misión educativa de la Orden se configuró a imagen de su fundador, que comprendió que el estudio debía estar al servicio de las necesidades de sus hermanos.
«No puedo estudiar sobre pieles muertas mientras mis hermanos mueren de hambre»
Para la tradición dominicana, en el estudio existe un íntimo vínculo entre la investigación de la verdad y la búsqueda de la felicidad: cultivar una Sabiduría que nos hace felices.
El Maestro de la Orden, Fray Bruno Cadoré, retoma el modelo de Lacordaire y destaca que el desafío para nosotros hoy es «evangelizar la inteligencia».
«Educar en la escuela de Domingo es profundizar, con todos los saberes, en el vínculo con Jesús y los hombres de nuestra época»
Fieles a esta tradición y a la invitación de los capítulos generales, queremos inspirarnos, animarnos y proponer este proyecto vicarial de predicación educativa.
Acompañamiento institucional





